Con más de 28 mil personas en el Anfiteatro José Hernández, el Festival Nacional de Doma y Folklore vivió una de sus noches más intensas y diversas. Una grilla artística extensa, que atravesó el folklore, la canción popular, lo urbano y el cuarteto, convivió con la jornada decisiva del Campeonato Internacional de Jineteada, que consagró a nuevos campeones y volvió a poner al campo en el centro de la escena.

El segundo sábado del Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María 2026 quedará registrado como una de esas jornadas que resumen, en una sola noche, el espíritu completo de la fiesta. Multitudinaria, extensa, diversa y sin pausas, la velada combinó una grilla artística de alto impacto con las definiciones más esperadas del Campeonato Internacional de Jineteada, ante un Anfiteatro José Hernández colmado y un público que acompañó durante toda la madrugada.
Con alrededor de 28 mil espectadores, el predio volvió a mostrar su capacidad de convocatoria en uno de los días tradicionalmente más fuertes del calendario festivalero. Desde las primeras horas de la noche hasta bien entrada la mañana del domingo, Jesús María sostuvo un pulso constante de música, emoción y competencia, reafirmando su lugar como uno de los eventos culturales más importantes del verano argentino.
Una apertura con raíz folklórica y clima de celebración
La noche comenzó con una impronta claramente folklórica, pensada para acompañar el ingreso progresivo del público y construir el clima desde temprano. Alma Chaqueña fue la encargada de abrir el escenario mayor, aportando identidad y cercanía con un repertorio tradicional que conectó de inmediato con las tribunas. Su propuesta, arraigada en el cancionero popular, funcionó como un primer anclaje con la esencia del festival.
Luego fue el turno de La Clave Trío, que continuó en la misma línea estética, sumando armonías vocales y una selección de canciones que reforzaron el espíritu colectivo de la jornada. En un anfiteatro que comenzaba a poblarse con rapidez, el grupo logró sostener la atención y preparar el terreno para una noche que se anticipaba larga y exigente.
Guitarreros y la fuerza de las voces populares
Uno de los primeros momentos de alto impacto llegó con la presentación de Guitarreros. El grupo ofreció un show sólido, apoyado en la potencia de sus voces y en un repertorio ampliamente conocido por el público. Cada canción fue acompañada desde las tribunas, generando un clima de comunión que es marca registrada del festival.
Lejos de recurrir a artificios, Guitarreros apostó por la fuerza interpretativa y la conexión directa, logrando uno de los pasajes más celebrados de la primera parte de la noche. Su actuación confirmó, una vez más, que el folklore vocal sigue ocupando un lugar central en la identidad de Jesús María.
Ahyre: modernidad, emoción y uno de los picos artísticos

Con una propuesta moderna y cuidada, Ahyre se adueñó del escenario y firmó uno de los shows más aplaudidos de la noche. El grupo desplegó un repertorio que combinó canciones de fuerte llegada popular como La noche sin ti, Río, Tan lejos e Identidad, con momentos de profunda carga emotiva en temas como La luna, Árbol y Adiós que te vaya bien.
La actuación de Ahyre logró un equilibrio poco frecuente entre lo íntimo y lo expansivo. Hubo pasajes de recogimiento absoluto y otros de celebración colectiva, en un diálogo constante con el público. El aplauso sostenido al final de su presentación confirmó el gran presente artístico de la banda y su consolidación como una de las propuestas más relevantes del folklore contemporáneo.
Jorge Rojas y un recorrido emocional de largo aliento

Ya entrada la madrugada, Jorge Rojas protagonizó uno de los shows más extensos y emotivos de la jornada. Con un repertorio que superó la hora y media, el artista recorrió distintas etapas de su carrera, construyendo un viaje musical que fue acompañado con atención y emoción por el anfiteatro.
Canciones como Milagro de amor, Voy a celebrar, Marca borrada, Viaje y Donde hay amor no hay olvido marcaron distintos climas, desde la introspección hasta la celebración. Uno de los momentos más celebrados llegó cuando compartió escenario con Pedro y Sergio Toledo para interpretar clásicos como La llorona y No te vayas carnaval, generando una ovación cerrada.
El cierre de su presentación fue uno de los picos emocionales de la noche, con un público completamente entregado y una sensación de comunión que se mantuvo durante varios minutos.
Cazzu y la amplitud estética del festival

La diversidad musical del segundo sábado tuvo uno de sus puntos más destacados con la presentación de Cazzu. La artista aportó una impronta urbana y contemporánea que volvió a demostrar la amplitud estética del festival y su capacidad para dialogar con nuevas generaciones.
Con un show sólido y de fuerte impacto visual, Cazzu recorrió éxitos como Jefa, Nena Trampa, Mucha Data, Dolce y Balada Malvada, además de momentos más introspectivos con Zamba para tu adiós y Me tocó perder. El cierre con Chapiadora desató una respuesta masiva del público, confirmando su convocatoria y su lugar dentro de la grilla más diversa de Jesús María en los últimos años.
Ulises Bueno y un cierre a puro cuarteto

El tramo final de la noche quedó en manos de Ulises Bueno, quien transformó el Anfiteatro José Hernández en una verdadera fiesta popular durante dos horas de show ininterrumpido. El cuartetero repasó una extensa lista de éxitos que mantuvieron una energía arrolladora hasta las primeras horas de la mañana.
Temas como Me levanté, Soy, Infiel, Dios, Amante fiel, Intento, No puedo fingirlo y Dale vieja sostuvieron el clima festivo y coronaron uno de los cierres más intensos del festival. A esa altura, el público seguía acompañando sin fisuras, confirmando que el segundo sábado fue, de principio a fin, una fiesta sin pausas.
La jineteada: definiciones y nuevos campeones
Mientras el escenario concentraba la atención musical, el campo fue protagonista de una de las jornadas más esperadas del Campeonato Internacional de Jineteada. El sábado marcó el cierre de la competencia y consagró a los nuevos campeones en las tres categorías.
En Bastos con Encimera Lisa, la definición fue una de las más cambiantes y emocionantes de los últimos años. Benjamín Costa, debutante en el festival y representante de San Juan, llegó a la última jornada desde posiciones secundarias y logró consagrarse con una monta de 8.66 en “La Chimenea” de la Surera. Su regularidad y temple en el momento decisivo le permitieron quedarse con el título.
El segundo puesto fue para Ramón Córdoba, de Paraguay, quien protagonizó una de las jineteadas más espectaculares de la noche, celebrada por unas 25 mil personas como si se tratara de un gol.
Gurupa Sureña: la dinastía Ramos se impone otra vez
En Gurupa Sureña, la definición tuvo como protagonistas al campeón defensor Alfredo “Tato” Ramos y al uruguayo Carlos Benia Miranda. Ambos realizaron buenas montas, pero Ramos logró sostener la diferencia acumulada y consagrarse tetracampeón (2017, 2020, 2025 y 2026), además de lograr el título por primera vez en años consecutivos.
Ramos sumó 9.66 puntos en “El Carbón” de la tropilla Los Diablitos, reafirmando una vez más la vigencia de una dinastía que ya es parte de la historia grande del festival.
Crina Limpia: el título cruza el río
En Crina Limpia, el campeonato tuvo un claro dominador: Agustín Miraballes Oyambure. El jinete uruguayo, en su primer Jesús María, fue el más regular a lo largo de todas las jornadas y logró quedarse con el título, cortando una racha favorable a los representantes brasileños.
En la última noche, Miraballes se sostuvo los ocho segundos y sumó 8.66 en “La Gitana” de El Destino, celebrando junto a sus compatriotas. Finalizó el campeonato con dos puntos de ventaja sobre Ulises Daporta, de Entre Ríos, en una definición ajustada y muy festejada.
Brasil, líder por delegaciones
En el acumulado general por delegaciones, Brasil se quedó con el primer lugar, sumando 171.94 puntos entre las tres categorías. Jesús María ocupó el segundo puesto, seguido por Uruguay, Mendoza y Paraguay, confirmando el carácter internacional y competitivo del campeonato.
Un sábado que resume el espíritu de Jesús María
El segundo sábado del Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María 2026 fue mucho más que una noche de shows. Fue una síntesis perfecta del espíritu que sostiene al festival desde hace décadas: música popular, diversidad estética, competencia criolla, emoción colectiva y una convocatoria que no da señales de agotamiento.
Con un anfiteatro colmado, definiciones históricas en la jineteada y una grilla artística que atravesó géneros y generaciones, la jornada dejó postales imborrables y reforzó la idea de que Jesús María sigue siendo, año tras año, uno de los grandes puntos de encuentro de la cultura popular argentina.